Aniversario del fallecimiento del artista plástico Pérez Celis

Ago 2, 2019

Mensajes plásticos que puedan conectarse con la sensibilidad popular, eso era lo que buscó durante toda su vida Pérez Celis, hasta que falleció, el 2 de agosto del año 2008. Sin embargo, su muerte no detuvo su alcance artístico, ya que su obra continúa vigente, renovándose ante nuevas perspectivas, y nuevos contextos.

Pérez Celis nació como bajo el nombre de Celis Pérez, pero llegado el momento de enfrentarse con el público decidió invertirlo. La familia que le tocó al nacer, allá por 1939, era pobre. ¿Podía, de todos modos, un niño humilde transformarse en artista plástico? Él lo intentó, no tenía nada que perder. De muy chico estudió dibujo por correspondencia, mientras trabajaba como canillita, cadete y aprendiz de carpintero, entre otros empleos. En 1954, cuando cumplió 15, ingresó a la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano. Allí estudió con Leopoldo Presas, Líbero Badií, Juan Batlle Planas y Santiago Cogorno. A los 17 realizó su primera exposición individual en la galería La Fantasma.

Al año siguiente, cuando visitó la muestra del artista húngaro Víctor Vasarely en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, su cabeza hizo un click. Ese arte abstracto magnánimo, imponente, de colores fuertes y puro enigmatismo lo cautivó enseguida. Luego, en 1958 en Uruguay, formó parte del Movimiento del Hombre Nuevo, impulsor del arte no figurativo, orientado por Rafael Squirru. Todo fue moldeando su estética.

 Ganó premios, sobrevivió a un accidente automovilístico donde murió su primera esposa, vivió en Venezuela, Francia, Estados Unidos, se casó tres veces, obtuvo el reconocimiento internacional, expuso en lugares recónditos como Tokio y Budapest, fue reconocido como Ciudadano Ilustre de Buenos Aires. Murió a los 69 años y fue velado en la Bombonera, dado su fanatismo por Boca Juniors, lugar donde dejó murales y obras.

¿Qué obra dejó Pérez Celis? Una múltiple, variado, ecléctica y extensa. A continuación, una pequeña muestra de la sensibilidad estética de alguien que —como él mismo dijo— no pintaba para trabajar sino para vivir.