“La universidad debe definir una agenda desde el sur”

El Coordinador General de la CRES 2018, Dr. Francisco Tamarit, evaluó que las primeras dos jornadas se desarrollaron “con absoluta normalidad”, destacando que “hubo consensos y disensos en un marco de maduro intercambio de ideas”, con más de 5 mil inscriptos.

El académico brindó una entrevista exclusiva a Prensa Institucional de la UNViMe, durante la cual definió cuál es el rol principal que debería desempeñar la educación superior del continente, asumiendo previamente la necesidad de hacer una autocrítica sobre sus propias responsabilidades.

Cuestionó “la creencia que se viene instalando en América Latina y el Caribe de que la educación superior la tienen que financiar los que egresan de la universidad, como si fuera el único que se beneficia, lo cual es una concepción muy equivocada. Porque las universidades cumplimos un rol mucho más trascendente”.

Tamarit afirmó que “hoy no hay dudas que no hay ningún bien más preciado que el conocimiento. Más que la producción de bienes y servicios, la extracción de recursos naturales o el mundo de las finanzas. El motor del bienestar de los países más prósperos es el conocimiento. Si nosotros resignamos la capacidad de soñar con poder generar el conocimiento que necesitamos para solucionar los problemas que tenemos, creo que nos espera un futuro muy triste”.

Posteriormente aludió a la polémica instalada recientemente a partir de declaraciones de la gobernadora María Eugenia Vidal. “Es cierto que a los pobres les cuesta más ir a la universidad, pero de ninguna manera eso significa que nos molestemos por la existencia de universidades, en tal caso debemos molestarnos por la existencia de la pobreza”.

Agregó al respecto que “la universidad es estratégica para combatir la pobreza, porque está demostrado por las ciencias sociales, por las estadísticas, por la economía, que las sociedades que apuestan al conocimiento tienen una mejora importante en la calidad de vida y en los ingresos per cápita”.

Reforzó que “entre la universidad y la pobreza, el mal suprimible, eliminable, es claramente la pobreza, no la universidad”. Reconoció que “esto no es fácil, eliminar la pobreza es complejo, por eso la importancia del aporte del conocimiento, de la ciencia, de la innovación, de la tecnología social. Esta es una tarea que América Latina tiene pendiente desde hace siglos; todavía somos una sociedad desigual, con marginación y en términos relativos, a pesar de ser ricos en recursos naturales, con mucha pobreza”.

Sin embargo, admitió que “la universidad ha sido co-responsable de este estado de cosas, forma parte de esta misma sociedad. No hay una universidad que sea muy distinta de la categorización que podemos hacer del comportamiento social de nuestros países”.

Resaltó que “también es cierto que la universidad constituye una reserva en cuanto a sus capacidades, a su enorme potencial intelectual que muchas veces no utilizamos, porque en nuestros países a las dirigencias les gusta más sentirse parte o una extensión del primer mundo que ponerse a la cabeza de procesos de transformación locales”.

Aporte de la universidad

El ex rector de la UNC consideró que los gobiernos regionales “muchas veces no tienen en cuenta a la educación superior como parte de la solución de los problemas. Por eso vuelve a generarse la idea, para mí sin sentido, de que a nosotros nos toca comprar las soluciones, pagar por lo que otros innovan. Y la verdad es que los problemas que nosotros tenemos, vinculados a lo territorial, a la pobreza, a la degradación del medio ambiente, a modelos de desarrollo muy primitivos, que no agregan valor a la producción, requieren del aporte de esa intelectualidad de nuestros países”.

Enfatizó su deseo de que “nuestras naciones puedan convertirse en referencias en algunos campos del conocimiento. No puede ser que no seamos referentes en la eliminación de la pobreza, de la violencia, de la marginalidad…. Eso me gustaría, que nos reconociesen porque hemos sido capaces de superar estas vergüenzas centenarias, estructurales, con las cuales convivimos casi sin dolor, sin conmovernos. No puede ser más que esta realidad que está fuera de los campos de la universidad no nos conmueva, no nos motive a transformamos para ayudar a transformar esta realidad”.

Con respecto a los términos de la declaración final del jueves, indicó que “más allá de las heterogeneidades de nuestros pueblos, de las diferencias entre las universidades públicas y las privadas, esta idea de que somos co-responsables de lo que nos pasa, de que tenemos que asumir lo que nos corresponde y ponernos a trabajar, está presente en todos. Y si no tenemos coincidencias en cuanto a los caminos a seguir, sí en cuanto a los objetivos a cumplir”.

Para el coordinador de esta tercera cumbre académica de la educación superior “esa es la base más importante. Si nosotros pudiéramos entender que este es un desafío colectivo y no de cada universidad. Si aquí en Córdoba por ejemplo entendiésemos que no tenemos que competir sino ver la forma de ayudarnos entre los estados, entre las instituciones educativas o las entidades de la sociedad organizada, sindicatos, entidades de derechos humanos, federación de empresas, las cosas empezarían a cambiar”.

“No ser apéndices del norte”

Concluyó que “debemos entender que existe la necesidad de construir una agenda del conocimiento desde el sur y para el sur. Esto no implica que no debamos colaborar con el norte, sino dejar de imaginarnos apéndice de agendas científicas, tecnológicas y educativas que genuinamente responden a la demanda de quien las hace y quien las financia. Nosotros cometemos el pecado de ser contribuyentes a las soluciones de los problemas de otras naciones”.

“Debemos construir una cadena de producción de soluciones que involucra muchos eslabones. No podemos quedarnos sólo con la responsabilidad de producir conocimiento y producir recursos humanos. En el medio tenemos que ser capaces de producir soluciones”, exhortó.

Prensa Institucional UNViMe 13/06/2018


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